Otro Viernes más de desconexión manual.
Estaba todo listo; el lugar, las personas, temas de conversación, la hora de vuelta, incluso lo que iba a tomar para de manera automática desconectar mi cabeza del resto de mi cuerpo y distraerme, pero como era de esperarse fui sorprendida con una nueva temporada de peleas con mi mamá, no hay cosa que me desagrade más que los discursos por pena que cambian de un día para otro cuando ya ven que estoy bien asique lo siento, pero no transo ni pretendo quedarme callada.
Necesitaba la desconexión automática, el estar rodeada de gente que no me haga pensar en nada más que temas superficiales, personas que no sean capaces de notar en mis gestos que algo pasa pero un simple no de mi mamá cagó todo.
Voy a tener que usar la opción de la desconexión manual, el hacerme la weona como lo he hecho últimamente y una vez más hacerme creer que estoy bien cuando no lo estoy pero tampoco sabiendo qué es lo que me tiene así, tengo que autoconvencerme de que estoy bien, no me cuesta nada hacerlo una vez más, porque no tengo la opción de bajonearme, no los Viernes por lo menos, cuando tengo que aguantarme todo.
Los Viernes son, para muchos, el día de descanso, de carrete, de quedarse hasta tarde en el computador, de juntarse con quien sea, de comer algo rico, etcétera.
En cambio para mí, los Viernes son día de, por un lado, buscar la desconexión automática o simplemente acostarme para que llegue luego el Sábado, porque sinceramente, este es el peor día para cuestionarme lo que sea porque ya está el factor de que no cuento con el que es mi cable a tierra.
El nudo en la garganta ya me está incomodando, prefiero salirme y pensar en cualquier imbecilidad antes que en mí.

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